Lyanna Beaumont atravesó las imponentes puertas de roble del salón principal, con su vestido marrón ondeando con un movimiento decidido. El salón, iluminado por antorchas cuyas llamas danzaban en las paredes de piedra, estaba lleno de hombres que una vez habían sido lobos bajo su control. Ahora, en sus formas humanas, estaban reunidos, esperando su llegada. El ambiente estaba tenso, cargado con la expectativa de una reprimenda.
Nilsen, el primero en verla, se adelantó, con una expresión que mezc