Sé que es un gran paso para ti.
Phoenix se quedó sin reacción. El salón del banquete, con sus candelabros dorados y paredes de piedra cubiertas por tapices antiguos, parecía congelado en el tiempo. Todo a su alrededor desapareció mientras sus ojos estaban fijos en Lucian.
Él la observaba con una intensidad que cortaba el aliento. Pero no había solo deseo en esa mirada. Había ternura. Había dolor. Había esperanza. Y, sobre todo, había verdad.
Lucian la quería. No solo en su cama. No solo como una presencia temporal en su vida.