Somos lobos. Actuamos, no hablamos
Phoenix despertó con el frescor de la mañana aún húmedo sobre su pelaje lupino. El suave sonido de las hojas moviéndose al viento y el aroma de la tierra fresca tras el rocío matutino la rodeaban, creando un aura de paz inquieta. Se levantó con una elegancia automática, sus músculos tensos por una noche mal dormida aún pesaban sobre su cuerpo. A su lado, Ulrich, también en su forma lupina, despertaba lentamente, sus ojos dorados abriéndose con dificultad. Había pasado la mayor parte de la noche