Sköll, el lobo de pelaje blanco, se movía con agilidad por las vastas llanuras del reino, su forma imponente cortando el viento nocturno. Las estrellas en el cielo eran sus únicas testigos mientras atravesaba las tierras frías e inhóspitas que separaban el Valle del Norte del Reino del Este. Corría sin descanso, sus sentidos agudizados percibiendo cada cambio en el terreno, cada susurro de los árboles, cada sombra que se movía en el horizonte. Sköll no era un lobo común; era una leyenda vivient