Phoenix estaba sentada en un sillón de cuero oscuro, la luz suave del atardecer filtrándose por las pesadas cortinas de terciopelo. El cuaderno de su madre descansaba abierto en su regazo, sus páginas antiguas llenas de secretos y magias. Lo leía atentamente, sus ojos recorriendo las líneas de texto con una concentración feroz. Sus dedos hacían gestos sutiles en el aire, imitando los movimientos descritos en las notas, tratando de sentir el flujo de poder que Ruby alguna vez controló con tanta