Turin caminaba por las polvorientas calles del pueblo, observando atentamente los rostros de las personas que pasaban a su lado. Sus ojos buscaban desesperadamente esas características específicas: cabellos negros como la noche y ojos azules como el cielo. Pero por más que intentara, no lograba encontrar a nadie que encajara en la descripción.
Con un suspiro pesado, se dirigió hacia la Taberna, el único lugar donde podría obtener información confiable sobre los habitantes del pueblo. Al entrar,