La carroza se balanceaba ligeramente mientras Phoenix, reina y compañera de Ulrich, el rey alfa, observaba el paisaje pasar por la ventana. Los altos árboles de Wolfpine se alzaban imponentes, y el terreno montañoso hacía que el avance de la comitiva fuera lento y agotador. El sonido de los cascos de los caballos y las ruedas de la carroza resonaba de manera constante, una melodía que Phoenix ya conocía muy bien tras tres largos días de viaje.
Suspiró, doblando las hojas de papel con el itinera