El amanecer aún estaba lejos, pero los preparativos para el viaje ya habían comenzado con una precisión casi ritual en la habitación destinada a Phoenix. La reina se estaba preparando para la travesía en galera por el Gran Río hasta Rivermoor, un viaje que requería tanto cuidado como su propia seguridad, y sus damas de compañía estaban listas, cada una con una función minuciosamente asignada.
Genevieve, siempre meticulosa y atenta a los detalles, había organizado todo con una precisión militar.