Mundo ficciónIniciar sesiónLos aposentos estaban sumidos en una penumbra dorada, iluminados solo por la suave luz de las llamas que parpadeaban en los candelabros de hierro forjado. Ulrich permanecía inmóvil en el centro de la sala, desnudo como vino al mundo, los pies firmes sobre el mármol negro pulido, el cuerpo imponente, tenso y cubierto por una fina película de sudor. La piel bronceada resaltaba los contornos brutales de su musculatura: hombros anchos como murallas, pecto







