CRYSTAL.
La oscuridad no era fría. No era aterradora. Era solo un pesado e interminable océano de gris.
Flotaba sin peso, sin dolor. La agonía desgarradora en mi pelvis había desaparecido por completo.
El agotamiento aplastante de sostener el cielo y dar a luz a una dinastía se había borrado. Me sentía tan increíblemente ligera. Sentía que podía flotar en este espacio tranquilo y pacífico para siempre.
Pero el silencio no era perfecto. Fue perforado por los ecos frenéticos y aterrorizados del m