—¿Te encuentras bien? —preguntó Cale, que entraba a la habitación de Mía después de ella, viéndola tomar asiento en el sofá más cercano a la puerta.
—Casi como nueva —aseguró la azabache de ojos azules, sin lograr sonreír, pero ya sin llorar—, pero supongo que dormí demasiado y comí poco, porque estoy algo mareada y mi cabeza se siente pesada.
—Sí, bueno, fueron varios días inconsciente —señaló el castaño—, pero me alegra que despertaras, y de verdad te ves de buen ánimo.
—Es porque siento qu