—Aun no puedo creer que de verdad te vayas a ir —expresó Cale, despidiéndose al fin de esa joven que protegió tanto como prometió y gracias a la cual ahora tenía lo que no pensó que tendría jamás: una bella familia—. ¿No quieres quedarte y convertirte en mi primer ministro? Estoy seguro de que podríamos hacer grandes y muy buenas cosas por Atrumb juntos.
Mía sonrió, ahora todo parecía volver a la tranquilidad, y aún así no se podía quitar la ansiedad generada por estar en un territorio donde de