—La llevaré conmigo —dijo Leone y Mía, que sentía que no podía mover ni un musculo, ganó el valor para ponerse en pie.
Necesitaba salir de ese lugar, porque seguro del palacio no podría huir, y no quería tener que pasar por lo que había pasado recién por el resto de su vida.
Se puso su vestido roto y saltó por la ventana procurando caer en la frondosidad de los matorrales que rodeaban parte de la casona en que vivían.
Sintió un fuerte pinchazo en un hombro, que le dejó sin aire, pero no podía d