—¡¿Quién eres?! —gritó desesperado, pero no hubo una respuesta, la joven frente a él seguía solo llorando suplicando por poder ser feliz.
» ¡Dime quién eres! —ordenó y todo lo que obtuvo fue una intensa ráfaga de viento golpeándole de frente, ahogándolo dolorosamente.
Leone II despertó conmocionado, sudando y con la respiración descompasada. No entendía por qué no dejaba de soñar con esa joven que no conocía, y mucho menos entendía todo el daño que esos sueños raros le hacían.
«¿Será que ella e