—Eres como un milagro —señaló Corono y Samia levantó los ojos de los papeles que revisaba.
—¿A quién le hablas? —preguntó la azabache, mirando a todos lados, pues el comentario de su empleador había salido de la nada, y solo ellos dos estaban en la oficina del joven.
—A ti —respondió Corono y la sonrisa burlona de la joven, que había pensado que a su jefe se le había escapado un pensamiento sin querer, se borró por completo de su cara.
Esa respuesta era una que la azabache no se esperaba, así q