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—Vale, lo entiendo. Gracias por todo—. Agradeció con un poco de tristeza en su voz antes de dejar el auricular en su sitio.

Después, dejó escapar un suspiro. Permaneció sentada lo que le pareció una eternidad mirando al vacío. Al recordar la conversación que acababa de mantener con el abogado, Isabella cerró los ojos para controlar las lágrimas. Los abrió de nuevo mientras resoplaba. No era el momento de llorar ni el lugar adecuado, pero no pudo evitar las ganas de hacerlo. Acababa de recibir u
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