—He comprado tus drogas. Tómatelas—. Le ordena, con voz un poco grave y ronca, mientras apaga el cigarrillo aplastando su punta encendida en el cenicero que hay sobre la mesa.
—¡No los quiero! — Exclama ella, un poco enfadada porque le haya quitado el cigarrillo.
—Te he dicho varias veces que dejes de comprarme estos medicamentos tan caros... Dame el dinero y me compraré algo digno—. Declaró con bastante amargura, notándose un poco que le costaba hablar.
Él la miró fijamente durante lo que pare