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—¿Se encuentra bien, señorita?— una mujer se me había acercado para ayudarme con los restos de la taza.

Avergonzada respondí.

—Si, lo siento mucho por haber causado este desastre— me coloqué de cuclillas para recoger los trozos de cerámica de la taza.

—No hace falta— me dice mientras— para eso es mi trabajo— recogió los trozos y los echó en una bolsa.

—De verdad, lo siento mucho— asentí para luego caminar lentamente hacia esa oficina. Tenía curiosidad por lo que estuviera pasando. No soy chismo
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