Subí las escaleras, di un pequeño brinco en el mismo lugar debido a un rayo que se escuchó casi cerca. Me daban mucho miedo las tormentas, avancé hacia mi habitación, pero antes escuché a Enrique hablar por teléfono.
—¿Sabes por qué fue el apagón?
Silencio.
—Está bien, revísalo cuánto antes.
Cortó.
Avancé de nuevo para que no me pillara escuchando conversaciones ajenas, pero creo que fue muy tarde.
—¿Isabella?
Me giré, llevándome una mano al pecho.
—¿Sí?
—¿Que haces?
—Voy a mi cuarto,