#7

—¿Cuándo creciste tanto? —Scott levanta a Hagen en el aire mientras sonríe al ver la dulzura que irradia el pequeño—. Dentro de poco ya podrás ser parte del equipo.

La idea de que Hagen pueda llegar a ser un Death Dealer no le hace mucha gracia a Alison, prefiere que su hijo no tenga que pasar por tantos peligros.

—Dudo mucho que Scott te lo regrese tan rápido —acercándose a ella, Dann se coloca a su lado y apoya una mano sobre su hombro mientras habla en tono bajo—. Lo que me sorprende es que lo trajeras.

Fijando su mirada en Dann, Alison deja ver un pequeño gesto de disconformidad, en realidad su plan nunca fue llevar a Hagen con ella, pero no pudo encontrar un servicio que pudiera quedarse con él ese día y su niñera ya tenía otros compromisos, que su pequeño esté allí, no hace sino complicar aún más las cosas, no porque le moleste la presencia de su hijo, sino porque tiene que pensar en una manera de evitar que Hagen y Fenrir se encuentren.

—Los planes cambiaron —responde mientras suaviza su gesto—, pero será solo por hoy —asegura mientras mete las manos en los bolsillos de su pantalón.

—Deberías dejar que lo veamos más seguido —Dann nota el gesto de Alison, pero elige no decir nada—, si sigue así, lo volveremos a ver cuándo se presente o peor aún, cuando se case.

—No sabía que el pago tan alto por sus servicios, incluía traer a un niño como distracción.

Las palabras frías de Fenrir cortan la conversación y hacen que Alison sienta un escalofrío recorrer toda su columna, sus instintos se ponen en alerta y su cerebro le grita que debe evitar que Fenrir se acerque demasiado a Hagen. Dejado que su impulso le gane, se aparta de Dann y camina los pasos que la separan de Scott para poder tomar a Hagen, pero en lugar de mantenerlo en brazos, lo baja y lo coloca tras de ella mientras ella se gira para encarar a Fenrir.

—Lamento mucho si la presencia de mi hijo causa alguna molestia —aunque su voz sale firme, la realidad es que su corazón late de manera desbocada—, es solo que no pude dejarlo con su niñera, pero tiene mi palabra de que él no será ninguna distracción.

Fenrir se detiene a pocos pasos de Alison. Aunque la escucha disculparse, cualquier comentario que hubiera podido tener preparado en referencia a su desagrado sobre la presencia del niño se desvanece al verla de frente. Si alguien le hubiese preguntado sobre sus gustos personales, no habría tenido ningún reparo en admitir que para él la ropa táctica en mujeres nunca ha tenido nada de extraordinario o atractivo; un pantalón cargo y una camisa negra ajustada eran el uniforme habitual para cualquier death dealer que estuviera en una misión. Sin embargo, no puede negar que en ella conseguían un efecto que le resultaba francamente irritante.

La tela se ciñe a su figura marcando una silueta atlética que hablaba de años de entrenamiento. Su cabello rojo fuego se encuentra recogido en una coleta alta y descuidada que hace lucir aún más las ondas que lo definen, dejando al descubierto la línea elegante de su cuello y unos cuantos mechones rebeldes que el viento se empeñaba en sacar de lugar. Incluso con el gesto serio de su rostro y la evidente tensión en los hombros, la loba desprende una presencia que atrae la mirada con demasiada facilidad.

«Concéntrate.» —se recrimina a sí mismo.

Fenrir recorre la figura de la mujer una vez más antes de apartar la vista, molesto consigo mismo. Aquello es simplemente ridículo. Ha trabajado con mujeres igual de capaces y atractivas antes. No hay ninguna razón para quedarse observándola como si se tratara de un adolescente hormonal.

—Espero que así sea —responde con su acostumbrada frialdad, aunque su voz suena un poco menos cortante de lo habitual.

Aunque Fenrir actúa más racional de lo que esperaba, Alison no se relaja. Al contrario. Permanecía inmóvil, ligeramente ladeada, bloqueando tanto como puede la figura de Hagen detrás de ella, un detalle que basta para despertar la curiosidad de Fenrir sobre el niño.

Desviando la mirada por primera vez hacia el niño, nota como este asoma su rostro por detrás de la figura de la loba. Aunque el niño se asoma con cautela, Alison reacciona de inmediato, dando un paso lateral para volver a cubrirlo casi por completo.

—Hagen... —murmura sin apartar los ojos de Fenrir.

El pequeño no necesita que escuchar nada, la simple mención de su nombre es suficiente para obedecer y quedarse tranquilo detrás de ella, sujetándose con una mano a la parte trasera del pantalón de su madre.

Sin una razón lógica, Fenrir frunció apenas el ceño al ver la forma tan directa en que ella evita que pueda ver al pequeño.

«Llamaste al niño una distracción, claro que lo apartará de ti.»

Escuchar como su lobo lo recrimina por su acción, le hace soltar un gruñido interno.

Sin embargo, durante un fugaz instante el pequeño romper su obediencia y vuelve a mostrar su rostro por detrás de la figura de Alison, pero dura lo suficiente como para que Fenrir note algunos de sus rasgos, como su piel pálida y su cabello rubio miel.

«¿Es él...?»

Durante un fugaz instante, ese pensamiento se cruza con la imagen borrosa del niño de su sueño. Si elimina la figura de Alison del cuadro, la altura que puede captar coincide con la del niño de sus sueños.

La idea cruza por su mente con una rapidez absurda. Entonces el niño se mueve una vez más y levanta ligeramente la cabeza dedicándole una mirada. Fenrir alcanzó a ver sus ojos.

Negros, completamente negros.

«Aún no se presenta.»

Y aunque eso debería servir para calmar esa idea, no puede evitar sentir como al momento que sus miradas se cruzan, su corazón comienza a latir con fuerza, su lobo se altera y cada fibra de su ser le pide que tome al cachorro y no permita que lo aparten de él.

Aunque no dice nada más, Alison alcanza a notar como la intensidad en la mirada de Fenrir cambia, por lo que volviéndose hacia Fenrir lo toma de los hombros y termina de cubrirlo del todo con su cuerpo.

—Ve al auto y espérame allí —pide mientras acomoda el cabello de su pequeño—. Dile a Hati que iré en un momento ¿de acuerdo?

Hagen solo asiente a sus palabras y sin decir nada se gira para apresurarse en obedecer a su madre.

༻ O ༺

Cuando la mano del anciano cae con fuerza sobre la mesa. produce un estruendo que se extiende rápidamente por la habitación ocasionando que todos los ocupantes del recinto guarden silencio.

—Death Dealer en el territorio de la manada —masculla con desprecio mientras vuelve a tomar asiento—. No solo irrespeta las tradiciones, se niega a tomar las parejas que conseguimos para él, no tiene interés en darle un descendiente a la manada ahora insulta a nuestros lobos trayendo a esos traficantes a nuestro territorio.

—¿Te atreves a cuestionar las decisiones de tu Alfa? —manteniendo la calma, Nora observa al anciano y habla en un tono bajo, pero con un toque ligeramente provocador.

—El alfa Fenrir debe recordar que aun debe rendir cuentas al consejo —el hombre le responde utilizando un tono lleno de reproche—. Permitir la entrada de mercenarios en nuestro territorio para ocupar el puesto de los centinelas envía un mensaje de desconfianza a la manada.

—El consejo no debería olvidar que, si el Alfa considera que su escolta no está cumpliendo con sus funciones, tiene el derecho de remplazarlos.

—¿Insinúa que los centinelas de la manada no pueden cumplir con su trabajo?

—Nuestro Alfa sufrió un ataque mientras su escolta estaba ausente —por primera vez en toda la reunión, Nora se pone de pie y su tono se eleva un poco—, aun espero que el capitán de los centinelas pueda darme una justificación para un comportamiento tan inusual, pero no ha podido hacerlo. Entonces, si ellos no son capaces de cumplir con sus funciones…

—¿Duda de nuestra lealtad? —la voz cargada de desprecio del centinela corta las palabras de Nora.

—¡Hablo de lo ocurrió! —Nora encara al capitán de los centinelas y le regresa una mirada cargada con el mismo desprecio con el que este la observa—. Si ustedes no pueden cumplir con su trabajo, la obligación del circulo es darle al alfa la protección que necesita y eso es lo que estamos haciendo. No necesito el permiso del consejo para asegurarme de mantener a mi Alfa y hermano con vida.

Tras sus palabras, Nora no espera un momento más y dando la espalda a los miembros del Consejo camina a la salida del salón.

Mientras la loba sale del salón, lo hace con la mirada de todos los ancianos sobre ella, así como la pesada mirada del capitán de los centinelas quien no la pierde de vista sino hasta que esta sale del todo.

—Mantenla vigilada —es la orden del anciano hacia el centinela mientras se coloca de pie para imitar la acción de Nora y salir del salón.

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