Mundo ficciónIniciar sesiónAlison permanece de pie al otro lado del cristal, con los brazos cruzados sobre su pecho, la preocupación presente en su rostro y en total silencio mientras observa cómo el equipo médico vuelve a conectar a su hijo a una nueva serie de máquinas totalmente distintas a las que utilizaron en la mañana.
«Odio todo esto»
Es el rápido pensamiento que cruza por su mente. No le gusta estar ahí, no porque no quiera a su hijo o porque no quiera acompañarlo a sus citas, sino porque después de tantos años ha aprendido que cada vez que terminan con las pruebas y el médico le pide hablar a solas, cada vez que ve esa expresión seria en sus rostros, significa que algo más está ocurriendo, que la condición de Hagen a vuelto a cambiar.
Ella tambien es médico y sabe como se disfrazan las palabras cuando hay algo de que no pueden explicar, algo que médicamente no pueden solucionar.
Del otro lado del cristal, Hagen permanece sentado sobre la camilla mientras una enfermera ajusta algunos sensores en su cuerpo. A pesar de tener diez años, hay momentos en los que parece mucho más pequeño. Su rostro conserva todavía esa inocencia que Alison intenta proteger a toda costa, pero sus ojos negros, son demasiado intensos para un niño de su edad.
Su hijo es diferente, siempre lo ha sido. Desde el momento en que nació, Alison supo que algo en él no era igual a los demás, lo que nunca ha sabido es exactamente que es eso que lo hace distinto.
La primera vez que Hagen liberó feromonas se aterró, los lobos no se presentan sino hasta la adolescencia, por eso, que su pequeño con solo tres años pudiera liberar feromonas Omega creyó que solo eran ideas suyas, pero cuando su niñera la llamó aterrada porque el pequeño liberó feromonas Alfas, todas sus alarmas se dispararon. Desde ese momento comenzó el desfile médico de ambas s, cada cierto tiempo tenía que ir con Hagen a hacerse chequeos médicos para controlar que todo estuviera bien, que no liberara feromonas, intentar estabilizar el descontrol de casta, pero hasta ese momento todo había sido inutil.
Desde el principio quiso confiar que a medida que pasara el tiempo y su pequeño creciera todo mejoraría, pero ese optimismo solo le duró tres años, pues en todos esos años los médicos que lo han tratado no han podido encontrar una explicación. Ahora, después de un tratamiento que apenas alcanzó a durar dos meses, allí están de nuevo, intentando hallar una explicación a los fuertes dolores que Hagen ha estado sufriendo.
—Señora Hannigan.
La voz del doctor consigue sacarla de sus pensamientos.
Alison gira ligeramente el rostro y encuentra al especialista a su lado con una carpeta en las manos. No necesita que diga nada para saber que la conversación que viene no será sencilla.
—¿Cómo salió el estudio? —pregunta ella.
Su voz es tranquila, demasiado tranquila y no tiene nada que ver con que así se sienta, es solo una habilidad que ha desarrollado con los años. La capacidad de parecer fuerte incluso cuando siente que está a punto de romperse.
El médico observa por un instante hacia la habitación donde Hagen continúa siendo examinado.
—Los resultados preliminares confirman lo mismo que hemos estado viendo durante los últimos meses.
Alison aprieta ligeramente la mandíbula, sabe lo que esas palabras significan.
—¿Su cuerpo sigue rechazando los tratamientos?
El hombre suspira antes de responder.
—En realidad, su cuerpo ya no está dispuesto a seguir aceptando ningún medicamento.
Ella frunce el ceño.
—No entiendo.
El médico abre la carpeta y revisa los documentos antes de hablar.
—Es claro que Hagen no presenta una enfermedad común. Sus órganos funcionan correctamente, sus niveles hormonales no muestran un deterioro como esperábamos encontrar después de todo lo que ocurre con ellas, pero hay algo en su composición genética que no logramos identificar por completo.
Alison permanece en silencio.
Ya conoce esas palabras: diferente, extraño… no identificado.
Son palabras que ha escuchado demasiadas veces.
—Entonces dígame qué significa eso realmente.
El médico aparta la mirada de los informes y vuelve a fijarla en ella.
—Significa que todas las opciones que teníamos para descubrir qué ocurre con él se están agotando —dice con ligero pesar. Nunca es fácil dar ese tipo de noticias, y mucho menos cuando estas están relacionadas con un niño—. Su genética lo único que hará es continuar rechazando los medicamentos cada vez más rápido, el próximo tratamiento que le recetemos puede ser efectivo por una semana como por simplemente un día.
Por un segundo, Alison siente que el aire abandona sus pulmones, una sensación fría recorre su columna y sus piernas pierden la fuerza necesaria para sostenerla. Puedes sentir como un nudo se forma en su garganta y llega a ser tan aprensivos que apenas se siente que puede respirar. Pero no lo demuestra, aunque quiere rendirse y dejar salir el dolor y la frustración que esa noticia le produce, se obliga a sí misma a mantenerse serena pues sabe que del otro lado del vidrio, Hagen puede verla.
Siempre que estaba en chequeos, su hijo siempre busca su rostro para saber si todo está bien.
—¿Y qué queda? —pregunta cuando logra controlar mínimamente sus emociones.
El médico tarda unos segundos en responder.
—Bueno…hay una posibilidad —admite, aunque su tono dejen claro que no está muy convencida de lo que está por decir.
Alison elige ignorar esas minúscula duda en el tono del médico y pone toda su atención en lo que realmente le interesa.
—¿Qué posibilidad?
—Hay un tratamiento experimental —dice, su tono más lleno de dudas que antes—, están trabajando con…
—¿Dónde?
La pregunta de Alison interrumpe la explicación del doctor, pero este estaría mintiendo si dice que no lo agradece.
—Italia.
Mientras dentro de la sala, la máquina sigue registrando el pulso de Hagen, el médico le explica que un grupo de especialistas ha estado trabajando durante los últimos años en tratamientos destinados a pacientes con alteraciones genéticas poco comunes. No es una cura garantizada ni mucho menos es una solución definitiva, es solo una oportunidad. Pero, Alison ha aprendido que, cuando se trata de Hagen, tomar cualquier oportunidad es su única opción.
—¿Qué tengo que hacer para que Hagen pueda recibirlo?
Si el médico dice que se sorprende de la determinación presente en el tono de voz de Alison, estaría mintiendo, si de algo está muy seguro, es de que nunca podrá volver a nadie que luche con tanta determinación por encontrar una solución médica que tal vez no exista.
Aun así, duda un momento sobre como responder a su pregunta, para Alison, ese pequeño gesto es suficiente para que ella se prepare para lo peor.
—El tratamiento es costoso.
Alison no sabe si con esa palabra debe llorar o reír.
Costoso.
Una palabra pequeña calificar algo que probablemente está totalmente fuera de su alcance.
—¿Cuánto?
Pero la respuesta del médico no llega de manera verbal. Ve como el médico rebusca entre los documentos que tiene en la carpeta hasta que encuentra lo que busca y le entrega un folleto con la información y luego le dice el monto solo para una semana de tratamiento.
Ella observa el folleto y procesa la cifra. No dice nada de inmediato, no porque no tenga nada para decir, sino porque simplemente no puede, porque su mente comienza a hacer cálculos automáticamente: los ahorros que le quedan, las facturas pendientes, los medicamentos, las tres jodidas hipotecas que tiene sobre la casa que le heredara su abuela, los gastos del hospital, los turnos dobles que ha tomado en la cafetería durante los últimos meses… y la conclusión llega demasiado rápido.
«No alcanza.»
Ni siquiera vendiendo lo poco que conserva. Ni siquiera trabajando el doble. Simplemente, no le alcanza.
Alison aparta la mirada del folleto y busca a su hijo quien se encuentra tendido sobre la camilla mientras la enfermera coloca el scanner sobre su cabeza, luego, devuelve el folleto con una calma que no refleja lo que en realidad siente.
—¿Cuánto tiempo tengo para reunir el dinero?
El médico toma el folleto y mantiene su mirada fija en la de ella.
—Como le dije Señora Hannigan, es solo un experimental, no es una promesa de cura —pero sus palabras mueren cuando ve la determinación en la mirada de Alison. Dejando salir un pesado suspiro asiente al entender—. Si está decidida a intentarlo, sugeriría comenzar pronto, como le dije, el tratamiento que se lleve hoy, puede durar algunas semanas…o tal vez no.







