Sofía.
El peso de mi decisión pesaba sobre mis hombros mientras observaba las lágrimas en los ojos de la abuela. Sabía que no podía abandonarla después de todo lo que había sucedido y de lo que estaba dispuesta a hacer para buscar justicia por Gael. Pero ver el dolor en los ojos de Helena me partía el corazón.
—Abuela, por favor, entiende que no puedo dejar que esto pase. Gael no merece que nos rindamos así.
Ella suspiró profundamente y se limpió las lágrimas con un pañuelo.
—Sofí, entiendo