El Atlántico era una sábana agitada de plomo líquido bajo un cielo sin luna. En algún lugar de la vasta oscuridad salitrosa, un yate de lujo de cien metros llamado El Aqueronte descansaba al ralentí: una fortaleza flotante de acero y ego.
Dante Vane estaba de pie en la cubierta de una lancha semirrígida, cortando las olas a cuarenta nudos. El rocío golpeaba su rostro como agujas de hielo, pero no lo sentía. Ahora vibraba en una frecuencia diferente. El libro mayor de la "Bóveda Profunda" había