Mundo ficciónIniciar sesiónCuando tu recién nacida elige a tu enemiga como su otra madre, cada instinto maternal se retuerce en algo monstruoso.
El llanto de mi hija se detuvo en el instante en que Morgana extendió sus brazos translúcidos hacia ella. No fue un cese gradual, sino un corte abrupto que me heló la sangre. La bebé, que había estado gritando con la fuerza de sus diminutos pulmones desde el momento del nacimiento, se quedó completamente inmóvil. Sus ojos, aún cerrados por la reciente llegada al mundo, se movieron bajo los párpados como si estuviera buscando algo que solo ella podía percibir.
—Dame a la niña —murmuró Morgana, y su voz resonó con una autoridad que jamás había escuchado en ella.
Mis brazos se tensaron alrededor del pequeño cuerpo envuelto en mantas de seda. La bebé pesaba menos de lo que había imaginado, pero su presencia







