Mundo ficciónIniciar sesiónCuando tu hija de seis meses te mira con ojos de doscientos años, cada abrazo se siente como ser juzgada por fantasmas.
Valdís había crecido demasiado rápido. A los seis meses, tenía el tamaño y la coordinación de una niña de dos años, pero su mirada contenía una profundidad que me perturbaba hasta los huesos. Sentada en su cuna dorada, jugaba con bloques de madera tallada que organizaba en patrones geométricos imposibles para su edad aparente.
—Mamá —dijo con una claridad cristalina que me hizo derramar el té sobre mi vestido—. Quiero ver a papá.
La taza se estrelló contra el suelo de mármol. Valdís había comenzado a hablar a los tres meses, pero no con balbuceos infantiles. Sus primeras palabras fueron oraciones completas, pronunciadas con tres tonos distintos que se alternaban sin patrón: mi propia voz suave, l







