Mundo ficciónIniciar sesiónCruzar al reino de los muertos es fácil; regresar es donde la mayoría falla.
El círculo de runas había sido trazado en el suelo de la sala del trono con una precisión que hablaba de magia tan antigua que incluso el grimorio de Morgana parecía joven en comparación. Las líneas brillaban con una luz que era más ausencia de color que iluminación real, como si estuvieran hechas de oscuridad solidificada, y en el centro del círculo descansaban las tres ofrendas que Adriana había reunido con tanto dolor: su sangre seca en un cuenco de plata, el recuerdo de Helena almacenado en un cristal que pulsaba con luz fantasmal, y el corazón del Rey que aún latía con un ritmo que hacía eco en el pecho de Adriana como segundo pulso.







