Javier
Víctor frenó en seco en el estacionamiento. Leon se separó de la pared de cemento, dejando su puesto junto a las puertas traseras. Su ceño estaba fruncido, como si no tuviera ni idea de por qué estábamos allí.
Salí del auto de un salto, corriendo ya hacia el edificio.
—No has contestado tu maldito teléfono —gruñí.
La expresión de Leon pasó por todas las emociones antes de que sacara el móvil del bolsillo. La mandíbula se le tensó.
—Sin señal. Maldita sea.
La señal estaba bloqueada. Quien