El reloj en la mesita de noche marcaba las 4:47 de la madrugada cuando Khaled despertó con un sobresalto. No había sido un ruido, ni una pesadilla. Fue algo más inquietante: un silencio absoluto que se sentía... equivocado.
Se incorporó en la cama, escuchando. El palacio dormía, como debía ser a esa hora. Pero algo en su pecho le gritaba que algo no estaba bien. Ese mismo instinto que lo había mantenido con vida en negociaciones políticas peligrosas ahora le susurraba que algo importante había c