El cielo de Alzhar aún dormía cuando Mariana cerró la última maleta. La habitación que había sido su refugio durante meses ahora parecía un espacio ajeno, despojado de sus pertenencias y de los pequeños detalles que la habían convertido en suya. Observó por última vez las paredes color crema, las cortinas de seda que tantas veces había corrido para contemplar el amanecer, la cama donde había llorado, soñado y deseado.
Respiró hondo, intentando contener las lágrimas. No podía derrumbarse ahora. S