El silencio en la sala del consejo era tan denso que podía cortarse. Khaled sostenía el documento entre sus manos, un simple papel que pesaba como una losa de mármol. La carta de renuncia de Mariana, redactada con pulcra caligrafía y términos formales, había llegado oficialmente a su escritorio esa mañana.
Sus ojos recorrieron por quinta vez las palabras, buscando algún indicio, alguna grieta en la formalidad que le diera esperanza. Pero no había nada. Solo agradecimientos protocolarios, mencion