La noche había caído sobre el palacio, envolviendo los jardines en un manto de oscuridad apenas interrumpido por la luz plateada de la luna. Mariana caminaba por los senderos de piedra, con los brazos cruzados sobre el pecho, intentando calmar el torbellino de emociones que la consumía desde dentro. El aire fresco acariciaba su rostro, pero no lograba apaciguar el fuego que ardía en su interior.
Tres días habían pasado desde aquel beso robado en el oasis, tres días de miradas esquivas y conversa