El silencio de la noche envolvía el palacio mientras Khaled permanecía de pie frente al ventanal de su despacho. La luna llena de Alzhar brillaba con una intensidad casi sobrenatural, bañando los jardines en un resplandor plateado que convertía las fuentes en espejos líquidos. Sus manos, tensas sobre el marco de la ventana, revelaban la tormenta interior que lo consumía.
Tres semanas habían pasado desde aquel beso robado en los jardines. Tres semanas de miradas esquivas, de encuentros casuales q