El jardín del palacio se sumía en la quietud del atardecer. Khaled observaba cómo los últimos rayos del sol teñían de dorado las flores y arbustos meticulosamente cuidados, creando un espectáculo de luces y sombras que normalmente habría apreciado. Sin embargo, esta tarde su mente estaba demasiado agitada para encontrar paz en la belleza que lo rodeaba.
Mariana caminaba a su lado, con pasos lentos y medidos. El silencio entre ellos no era incómodo, pero sí cargado de tensión, como si ambos supie