El sol de la tarde se filtraba por los ventanales del palacio, proyectando sombras alargadas sobre los mosaicos del pasillo principal. Mariana caminaba con pasos ligeros, llevando en sus manos un libro de cuentos que había prometido leer a Amira antes de dormir. La pequeña había mostrado un interés particular por las historias de princesas que rompían tradiciones, algo que secretamente llenaba de orgullo a Mariana.
Al doblar hacia el ala este, donde se encontraban las oficinas administrativas de