Khaled observaba desde la ventana de su despacho cómo la caravana de vehículos negros de alta gama atravesaba las puertas principales del palacio. El sol de la tarde bañaba con luz dorada los jardines, pero su mente estaba lejos de apreciar tal belleza. Apretó la mandíbula mientras recordaba la conversación con su padre el día anterior.
—La Princesa Amira de Bahrein llegará mañana —había anunciado su padre con una sonrisa complacida—. Su padre y yo hemos mantenido conversaciones muy productivas