Mundo ficciónIniciar sesiónEl acero reforzado había dejado marcas rojas en los nudillos de Mariana, pero el dolor físico era insignificante comparado con el peso que le comprimía el pecho. Los números rojos del cronómetro continuaban su cuenta regresiva implacable: 00:41:28... 00:41:27... 00:41:26...
—No... no puedo... —susurró, la voz quebrándose en sílabas fracturadas.
Khaled se arrodilló junto a ella, sus manos encontrando los hombros temblorosos de Mariana con una firmeza que pretendía anclarla a la realidad.
—No tienes que elegir —dijo, cada palabra pronunciada con la precisión de quien intenta convencerse a sí mismo—. Encontraremos la forma de salvar a ambas.
El experto en explosivos, un hombre de cincuenta años con cicatrices que contaban historias que ninguna boca debería relatar, se incorporó del análisis de los dispositivos. Su rost







