El amanecer en Alzhar llegaba con una luz dorada que se filtraba por las cortinas de seda, pero para Mariana, cada nuevo día se había convertido en un recordatorio constante de la tormenta que había desatado. Sentada frente al espejo de su habitación, observaba su reflejo con ojos críticos. Físicamente parecía la misma, pero algo en su mirada había cambiado. Una sombra de culpabilidad se había instalado allí desde el enfrentamiento entre Khaled y Rashid.
—Tú no provocaste esto —se dijo en voz ba