El sol de la tarde caía sobre el palacio, bañando los jardines con una luz dorada que hacía brillar las fuentes y resaltaba los colores de las flores cuidadosamente dispuestas. Mariana caminaba entre los rosales, supervisando a Amira y Sami mientras jugaban. La pequeña corría persiguiendo mariposas, su risa cristalina resonando en el aire, mientras su hermano mayor construía elaboradas fortalezas con piedras pequeñas que encontraba en el camino.
Tres meses habían pasado desde que Mariana y Khale