AARON BIANCHI
Cuando finalmente llegue al hospital, me pareció que el camino hacia la habitación de aislamiento donde estaba Amed y Yamila, se me hizo eterno.
Casi corria, sin que pudiera evitarlo, sin que me percatara de ello.
Estaba enamorado de ella, si, lo estaba. Me había enamorado como un perro, como nunca en mi vida.
Estaba enamorado de ella, y estaba enamorado de ese niño que me desarmaba con tan solo mirarme y decirme papá. Me había encantado ser padre, más que nada en el mundo.