AARÓN BIANCHI
Tan pronto Yamila me llamó para avisarme que el idiota de Andrés había logrado entrar al hospital, antes de que el nuevo equipo de seguridad preparado para ella y para el niño, llegara a posición, la sangre me hirvió. Ella se escuchaba tan agotada de esta situación, superada por el miedo que sentía, e insegura que fue imposible que el corazón no se me oprimiera en el centro del pecho.
Lo menos que quería es que se sintiera con miedos, o dudas al estar conmigo. Por el m@ldito aco