Sandra permaneció unos segundos entre sus brazos, rígida, permitiendo que el contacto la calmara apenas lo suficiente para ordenar sus pensamientos.
—¿Y bien? ¿Cómo se supone que vamos a separarlos? —preguntó, con un tono cargado de desconfianza—. Sophie ama a Cristian, como una loca. Es más, sé que se casó contigo solo porque quería olvidarlo. Tú no fuiste más que la segunda opción.
Sus palabras no fueron un ataque impulsivo; fueron un golpe calculado, directo al punto exacto donde sabía que do