Rena permaneció inmóvil en el suelo durante un buen rato.
Las palabras de Alice resonaban en su cabeza como humo que no se disipaba. «No durará mucho». Apoyó la frente en las rodillas y respiró lentamente, como le había enseñado Río, hasta que el leve resplandor bajo su piel finalmente se disipó.
Cuando por fin se puso de pie, sintió las piernas temblorosas. Se puso el pijama y se metió en la cama, pero no podía dormir. Cualquier pequeño ruido en la casa la ponía tensa: el crujido de la madera