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La sonrisa de Kael se quedó conmigo toda la noche. Como si hubiera grabado cada músculo de su rostro en mi memoria contra mi voluntad.

"Él sabe que sabes" —susurró Sera— "Y sigue jugando de todos modos. Eso lo hace peligroso o estúpido. Aún no sé cuál."

Tampoco yo.

Kaelen llegó al amanecer. Sin fanfarria, sin amenazas. Solo él y dos guardias bajo bandera de tregua blanca.

Vex lo recibió en la sala del consejo con cincuenta guerreros armados llenando cada sombra. No íbamos a arriesgar otra traición.

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