Damon
Cassie no lo sabía, pero cuando me dijo que no era mía, que prefería alejarse antes que arrastrarme a su fuego, algo en mí se quebró. Y no fue el orgullo, no. El orgullo ya se había ido a la mierda desde la primera vez que sus labios dijeron mi nombre con deseo y miedo al mismo tiempo. Lo que se quebró fue la fe. Esa fe estúpida que tenía en que podía protegerla solo con mis brazos. Con mis promesas. Con mis malditas buenas intenciones.
No bastaba.
Ella ardía por dentro. No con pasión —es