C40: ÁMALO CON TODO TU CORAZÓN.
Sigrid aún conservaba un tono enfermizamente pálido en el rostro, aunque no era una consecuencia directa del parto del día anterior, sino de una inquietud más profunda, más corrosiva. Sus ojos revelaban un desvelo prolongado, una ansiedad que no había logrado apaciguar ni con el paso de las horas ni con el descanso forzado.
De pronto, sin previo aviso, se dejó caer al suelo. Primero apoyó las rodillas y luego inclinó todo el torso hasta quedar prácticamente pegada al piso, con la frente cerca d