C40: ÁMALO CON TODO TU CORAZÓN.
Sigrid aún conservaba un tono enfermizamente pálido en el rostro, aunque no era una consecuencia directa del parto del día anterior, sino de una inquietud más profunda, más corrosiva. Sus ojos revelaban un desvelo prolongado, una ansiedad que no había logrado apaciguar ni con el paso de las horas ni con el descanso forzado.
De pronto, sin previo aviso, se dejó caer al suelo. Primero apoyó las rodillas y luego inclinó todo el torso hasta quedar prácticamente pegada al piso, con la frente cerca de las losas, adoptando una postura de súplica absoluta, humillante y desesperada. El acto fue tan repentino que tomó a África completamente desprevenida.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó África, visiblemente desconcertada.
Sigrid alzó el rostro un poco, sin atreverse a mirarla directamente.
—Por favor, mi señora —articuló con la voz trémula—. Le ruego que me permita ver al cachorro de cerca, aunque sea por una vez. No he podido hacerlo aún, y la ansiedad me está consumiendo.
La verdad era que Si