—Por favor, sea lo que sea que vean, no interfieran a menos que yo lo diga. Cualquier interrupción podría peligroso —adviritó Lyra.
Los lobos formaron un círculo amplio alrededor, lo suficientemente lejos como para no interferir, pero lo bastante cerca como para reaccionar si algo salía mal. En el centro quedaron únicamente Lyra, Dalila y el prisionero.
Dalila fue arrodillada sobre la tierra. Frente a ella, obligaron al criminal a hacer lo mismo. Lyra se colocó entre ambos, lista para extender