Asherad permaneció sin decir nada, observándola. Su expresión no era de duda, sino de una resolución fría que resultaba ajena a todo lo que Sigrid creía conocer de él. Finalmente, habló con una calma que no hacía más que volver sus palabras más perturbadoras.
—Lo he pensado mucho —dijo, sin apartar la mirada—, y ya tomé una decisión. Tener gemelas en nuestra familia es demasiado arriesgado. Aunque las marquemos, aunque aprendamos a distinguirlas, siempre existirá la posibilidad de un error… y n