Asherad no respondió. Sus ojos se desviaron, evitando los de ella, y se fijaron en un punto impreciso de la habitación, como si allí pudiera encontrar una salida a lo que estaba ocurriendo dentro de su mente. Su silencio no era indiferencia, sino una señal clara de que algo lo consumía por dentro.
Sigrid lo observó durante unos segundos, intentando descifrarlo, hasta que volvió a hablar.
—Por tu actitud puedo darme cuenta de que estás muy preocupado —agregó—. Me gustaría que hablaras conmigo…