—Asherad... ¡Asherad!
La voz llegó desde la distancia, como si atravesara una niebla espesa. Entonces, el Alfa reaccionó.
Parpadeó, regresando de golpe al presente, y giró el rostro hacia Sigrid, quien lo observaba con atención desde la cama.
—¿Todo está bien? —preguntó ella.
Asherad bajó la mirada hacia la bebé que sostenía entre sus brazos y tragó saliva con dificultad. Había una inquietud que se había instalado en su interior y que no lograba disipar, una sensación incómoda que crecía en su