C337: DEJE DE SUPLICAR.
Nayla tomó la caja con cuidado y la ocultó bajo las amplias capas de su vestido, aprovechando el volumen de la tela para disimular su forma. Sin mirar atrás, abandonó la habitación secreta, con la certeza de que cada segundo que permaneciera en ese lugar aumentaba el riesgo de ser descubierta.
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Dalila yacía en su celda, tendida sobre la piedra fría que le servía de lecho, cubierta por una manta que no lograba mitigar el rigor del encierro. De pronto, el silencio fue interrumpido de manera